Apreciados lectores, lo que les voy a desvelar en esta ocasión es algo sorprendente, que muy pocas personas conocen. ¿Se han dado cuenta de que en los últimos años la cantidad y fuerza de los huracanes ha aumentado?
Tras 7 meses de estudio uno de mis colegas, experto en fenómenos de tiempo severo, que prefiere mantenerse en el anonimato, ha elaborado una increible teoría que explica el por qué de tan sorprendente fenómeno.
En los últimos años, el departamento de defensa de EEUU inició la construcción de una base submarina en el Atlántico como base operativa de posibles misiones de ataque y/o defensa, así como de plataforma experimental de nuevas armas en desarrollo. De esto me enteré gracias a que la señora de la limpieza de mi despacho de la universidad estubo trabajando allí durante 3 meses gracias a un programa de intercambio organizado por kelis sin fronteras. En fin, esto no viene al caso. A lo que ibamos…
Cuando le comenté a mi colega meteorólogo la existencia del complejo militar, y de su energía obtenida de fuentes radioactivas, me dijo: “¡Por todos los cumulonimbus!” y lo relacionó enseguida con esos vientos que dan vueltas sobre sí mismos sin marearse. Debe ser que no se deciden hacia donde ir. Bien, resulta que los reactores nucleares, se refirigeran en el agua del mar, causando un aumento de la temperatura de esa zona del atlántico, y que justamente es zona de paso de las tormentas tropicales, provocando que aumenten levemente de categoría… Y ya conocen la teoría de las alas de la mariposa… un pequeño gran cambio, puede provocar un cataclismo en otro lugar del planeta.
No puedo evitar preocuparme… ¿Que ocurriría si alguien de ese complejo suelta una ventosidad justo cuando empieza a generarse un huracán y lo desvía en sus inicios hacia Europa? ¿Moriríamos víctimas de un nuevo tipo de arma bacteriológica, el huracán de metano? ¿El metano se llama así porque sale por el ano?
Tantas preguntas, y tan poco tiempo para el estudio…
Reflexionen, piensen y eviten peerse cuando haga viento.
Dr. Ygriega.
Durante estos dos años de viaje, he podido confirmar la presencia de seres extraños que deambulan por nuestras ciudades aparentemente sin rumbo fijo, probablemente intentando pasar desapercibidos. Pero nada escapa a una persona acostumbrada a ver con mirada científica lo que ocurre a su alrededor.
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