Ayer tuve la ocasión de presenciar uno de los mayores misterios del comportamiento humano: La reacción ante los semáforos.
Esos artilugios alargados que miramos con desdén nos marcan el ritmo e influyen en nuestros actos. Se trata sin duda de un método de control gubernamental que aun no he conseguido resolver, pero que seguramente se basa en métodos hipnóticos.
Veamos las reacciones típicas:
- Inicio verde: Despiste general en el primer coche, luces del segundo coche, pitos del tercer coche.
- Verde: Mantener ritmo, para desesperación de los que van detrás.
- Amarillo: Acelerar y mirar si cambia de color… como si fuera a cambiar algo eso. Intentar por todos los medios que el siguiente coche no pase, o lo haga en rojo.
- Inicio rojo: Acelerar aun más o frenar de golpe.
- Rojo: Exploración de fosas nasales, contemplarse en el retrovisor o toqueteo del radio-cd, a elegir.
El ciclo se repite indefinidamente con algunas pequeñas variaciones en las reacciones, pero a grosso modo esa es la pauta.
Vemos que el ‘inicio verde’ está condicionado claramente por el despiste que producen las actividades del ‘rojo’. La exploración de fosas nasales, por ejemplo, sume a su ejecutor en un estado de semiconsciencia y placer infinitos… Algo así como un viaje astral. Es peligroso intervenir directamente ante alguien en dicho estado, por ese motivo el resto de coches advierten al primero de forma gradual y poco invasiva (luces, cláxon).
Desde aquí, queremos lanzar un mensaje invitando a la exploración nasal en los domicilios particulares: Si exploras, no conduzcas.


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